Será porque en estas fechas uno se fija algo mas en “lo humano” de nuestro dÃa a dÃa, o porque últimamente ando sin mucho rumbo, o realmente es que me sobra el tiempo.
El caso es que un dÃa uno se ve desde fuera a si mismo analizando su dÃa a dÃa, y si realmente te pones a pensar da miedo. Es decir, yo me levanto, voy a correr (siempre y que el termómetro no baje de los 5ªC), bajo a tomar mi cortado de camino a la tienda y me pongo a currar. Después de una mañana de trabajo, una cañita con los compañeros y de camino a casa compro el diario para leer algo en la sobremesa. Y vuelta a la tienda, o a clase, o a ambas. Me gusta mi rutina porque he procurado conseguir una rutina que me guste, pero si detenidamente analizamos a que nos dedicamos, puede ser muy cruel, pero es lo que hace todo el mundo. VENDER y consumir. Es donde acaba todo.
No todo el mundo se dedica a vender un producto de manera directa, pero si a fabricar, dar publicidad, educar a otros para que formen parte de la cadena sin morir en el intento, y sobre todo a comprar.
Quizás los que estamos en un puesto directo de ventas, lo vemos mas de cerca. Vivimos agobiados por objetivos mensuales y anuales, sobre productos y sobre servicios. Nos movemos por vender y para vender y facturar. Es lo que nos mandan los grandes jefes de la tribu. Pero yo luego me voy a mi casa y me pongo a estudiar, para un dÃa poder dedicarme a diseñar algo que alguien venderá.
Mas lejos de los puestos de cara al propio consumidor, pululan cientos de titulaciones de marketing, dirección de empresas, masters oficiales y no oficiales, departamentos de estadÃstica que intentan escrutar el impredecible comportamiento humano trazando variopintas gráficas para poder meternos por los ojos un producto u otro, aprovechando el consumismo navideño, el consumismo de las vacaciones del verano o el consumismo de la semana blanca.
Me imagino que cuando uno está en el punto en el que me encuentro, intentando averiguar por donde seguir, independizarse totalmente, acabar los estudios… pues te da que pensar. Todo se reduce a tener un producto mejor que otro. Miento, se reduce a conseguir que el consumidor crea que tienes un producto mejor que otro, sin importar que vendas judias blancas chinas o alta tecnologÃa japonesa. Un mundo duro este de las ventas. Lo malo es que es la base del sistema en el que vivimos, y si no vendes te venden.
Menos mal que todas estas grandes maquinarias de venta, están formadas y movidas por personas, que tienen sus historias y sus vidas, y es lo que realmente les motiva a moverse. Y es pero que todas estas personas que movemos dinero y productos, no acabemos robotizados, por no decir lobotomizados, por los lemas de quienes nos contratan, porque acabaremos vendiéndonos nosotros mismos simplemente por vender.
Un saludo a todos
RusS
