Es una cuestión que llevo mucho tiempo dando vueltas en el taller. Partimos de la base de un equipo que entra a reparación con un fallo que no afecta al disco duro, o mejor dicho le afecta parcialmente. Hablo sobre todo de equipos con Windows, y mas concretamente, cualquier versión de XP.

Mi tendencia natural, subconsciente o como queráis llamarlo es que el equipo salga como entró, pero funcionando. Lo que ocurre casi siempre es que el sistema operativo que el cliente tenía configurado, a su gusto y con sus programas instalados, pues no arranca. Bien por un cambio de placa, bien por un sistema operativo que ha estado funcionando con memoria RAM defectuosa y ha sufrido una corrupción silenciosa (o a gritos) de los datos, o bien un fallo de disco o un mal apagado ha dejado el sistema de ficheros hecho papilla.

Los del gremio conoceréis mil modos de reparar cada variante de estos fallos a nivel de hardware, y por supuesto como hacer que el sistema operativo vuelva a arrancar. Desde la propia consola de recuperación, comprobación del sistema de ficheros, edición del registro cargando el registro defectuoso en una instalación funcional, sysprep, etc…

El problema principalmente radica en la duración-coste de la reparación. Como ya he comentado, nosotros nos guiamos por una tarifa plana, que si bien creo bastante justa para el tiempo que invierto con los equipos y llama bastante a la hora de atraer clientela, tiene una pega: tiene que ser rentable. Esto significa que no puedo estar dedicado a tiempo completo con un equipo dos días para hacer todo lo necesario. Por la parte del cliente, es siempre lo mismo, el equipo para antes de ayer, y cuanto mas barato mejor.

Aún con esas, normalmente me meto mas de lo que debería en mis intentos de arrancar sistemas operativos tocados. Muchas veces lo consigues, y TACHAN!! to lleno mierda. Si ese equipo entra así, directamente recomiendas un formateo. Lo mas típico es que estén con una infección de virus de las que hacen época, tres antivirus piratas caducados instalados, y además todo el *****-ware habido y por haber.

Luego les hay con Windows Xp -el windowsue es todo un clásico- piratones, teniendo etiquetas con licencia original del home (todos sabéis que el profesional es la ostia con cebolla caramelizada, baja mejor y los vídeos se ven mejor que en el home), versiones 2002 sin service pack alguno, o les faltan todos los drivers.

Total, mejor no haber perdido dos días intentado arrancar el equipo, porque una vez arrancado hay que estar otros dos días con el para que funcione bien, y cuando de virus se trata, muchas veces no es posible. Por otro lado, al segundo día ya tendrás dos o tres llamadas del cliente preguntando como va el tema.

Al final tomas la decisión de formatear a la media vuelta de tuerca, pero acabas teniendo un SAT de formateo, y es un coñazo enorme. Al final la decisión yo la tomo a medias con el cliente, a sabiendas de que la reparación puede alargarse e incluso ser mas cara, aun no quedando bien del todo. Es curioso como la importancia de los datos que se pierden es inversamente proporcional al tiempo y coste de su recuperación. La mayoría optan por el formateo, excepto cuando la licencia del sistema operativo brilla por su ausencia y me toca hacer el McGyver, o ellos optan por que el hijo del frutero les meta “un windows que es la ostia y tiene un montón de programas”.

¿Como lo lleváis vosotros?

Un saludo,

RusS