Ocurrió ya hace mucho tiempo, casi un año. Cada vez que lo pienso se me ponen los pelos como escarpias, por la rabia y la impotencia y lo tonto de no haberme dado cuenta cinco minutos antes.

Entraron a encargar dos portátiles, diciendo que vendrían por la tarde a recogerlos, y de paso se llevaron un ratón de cinco euros. Era pronto y andaba mal de cambios. Aún así tenía suficiente para el billete de cien con el que me pagaban. La siguiente sucesión de acontecimientos, a mi me sonaba de algo. Estaba casi seguro de lo que estaba pasando, pero por inocente y gilipuertas, lo dejé pasar. Cinco minutos después, me estaba dando de cabezazos contra la puerta de la entrada mientras intentaba averiguar hacia adonde habían salido ambos, madre e hijo, sendos hijos de puta, con los cincuenta euros que me habían tangado.

Por supuesto que la culpa toda mía, por confiado. Y por supuesto que mi subconsciente me estaba alertando de lo que pasaba. Lo había visto hace un tiempo en la magnífica película argentina “Nueve Reinas”. Recomendación cinematográfica a parte, un pequeño fragmento, el cual mi cerebro recordaba todavía vagamente:

Como podéis ver, el estafador hace amago de pagar con un billete de $50. Cuando la chica le pregunta por uno mas pequeño, guarda el de $50, y se pone a buscar. La chica planta en el mostrador tres billetes de $10 y otros tres de cinco, que es el cambio que corresponde a los $50-$5=$45 que el cliente entregaba. Ni corto ni perezoso, el cliente saca uno de $5 y lo mezcla con los $45 que ha entregado la dependienta. Luego se ofrece a entregar los $50 primeros que sacó mas lo que ya tiene en la mano para quedarse con $100. Buena ganancia.

Pues hoy me ha vuelto a pasar. Señor hijo de mujer de vida alegre que entra a la tienda buscando una tarrina de CD-R. Le digo que no tengo mas que Light Scribe, en tarrina de 25 y son un poco mas caras. Pregunta el precio de la de 50, y se decide por la de 25 Light Scribe. Pongamos PVP 16,24€. El estafador saca un billetazo verde reluciente, primera alarma en mi cabeza. Además me da el pico en suelto, para que solo queden billetes en juego.

El detector de billetes confirma ser legal, así que le doy los cambios sin rechistar, al contrario que en mi otra jugada y al contrario que la chica del video. De repente del otro bolsillo saca un fajo de billetes –segunda alarma- y va con la primera intentona:

- Huy, si llevo aquí un montón de billetes sueltos, igual te acabo fastidiar con los cambios. Si quieres toma –dejando dos billetes de 20 y uno de 10 en el mostrador, pero bien cerca suyo- y dame un billete de 50.

Instintivamente tiendo la mano a la caja para sacar el billete de cincuenta, pero mi buen pepito grillo sigue diciéndome que algo no está bien. Mejor que entre el dinero en la caja, y luego salga. Cierro la caja, compruebo sus tres billetes, abro la caja, les meto y saco el de cincuenta, mirando al susodicho hijo de puta estafador con mala cara. Si en ese momento saco un billete de cincuenta y se le doy, el se encuentra con 50 euros suyos y otros 50 míos. El siguiente paso habría sido pedirme su billete de 100 euros con el que pagó inicialmente, a cambio de 50 euros suyos y otros 50 euros míos. Buen cambio.

No contento con una intentona, y con el billete de 50 en la mano, vuelve a la carga.

- Joer, si tengo mas sueltos aquí. Toma –deja 3 billetes de 10 y uno de 20 de nuevo en su zona del mostrador- y dame otro de 50.

Repetimos, pensará que a mas billetes mas confusión. Esta vez mezcla los billetes que saca con el de 50 que le he dado. Curiosamente me pide otro de cincuenta, no el de 100. Cojo los tres de 10 y el de 20, les compruebo y a la caja. Y otro de 50 para el.

En ese momento, mi sonrisa debía mostrar una satisfacción total. Pero lo ha vuelto a intentar. Esta vez ya le he cortado.  Supongo que el siguiente paso habría sido darme los dos de 50 y pedirme el de 100, y con los cuatro encima del mostrador, pedirme uno de 200. Al decirle que billetes de 200 no tenía ya se ha cortado y se ha ido.

Si señores, el timo del cambio o como lo queráis llamar. Debe ser mas viejo que peinarse con raya, pero a mi me la metieron doblada. Lo que se aprende detrás de un mostrador a base de palos. La próxima vez que lo intenten, lo mismo me da por mosquearme, y tenemos una bronca. Hoy he estado por llamar a la policía, pero supongo que sin pruebas poco habría conseguido. Aún moviendo los billetes con pies de plomo, he contado la caja según se ha ido, por si acaso. La rabia que da solo pensar la cantidad de hijoputas que hay sueltos por este mundo. Me hierve la sangre.

Andaros con ojo, que desde que estamos en crisis, parece que esto se está poniendo de moda. Y el efectivo falso también. No toca lo que no suena ni nada ir a trabajar, aguantar jefes, clientes y demás fauna, para que encima venga un hijp.. de este calibre y te toque pagar para ir a trabajar. Todo el día currando para que se lleve tu sueldo un listillo. Así se les caigan las manos.

Un Saludo, RusS